
Más pronto que tarde el pueblo judío y con él el gobierno de Israel se deberan plantear seriamente y sin temores la construcción del Tercer Templo de Jerusalen (Yerushalayim). La necedad y estupidez de los musulmanes que ahora se empeñan en hacer creer al mundo que en Jerusalen nunca estuvo el Templo de IHVH, y que la ciudad nunca fue la capital del reino de Israel y posteriormente del reino de Judá, no tiene limites.
Es tal el odio que el Islam refleja contra el judaismo y de rebote contra el cristianismo, que esta gente parece más bien que han perdido toda perspectiva histórica. Su necedad les hace insolentes; su ignoracia les hace soberbios; sus miserias les hace altivos y orgullosos aunque se arrastran en medio de sus propias divisiones intereligiosas desde hace siglos.
Jerusalen debe seguir siendo la capital indivisible de Israel, y esta ciudad santa, tres veces milenària, tiene que acoger de nuevo el Templo para que IHVH pueda ser reverenciado y adorado como se merece.
No deben importar las presiones internacionales, y mucho menos las ejercidas por los países musulmanes moderados o no. Da igual. IHVH siempre debe estar por encima de todos ellos, y a IHVH y por IHVH el Templo, el Tercer Templo, debe convertirse en realidad cuanto antes mejor.























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